Aquella mañana había comenzado tranquilamente. Nathaniel estaba en cubierta tomando café mientras Elena revisaba las botellas de buceo. «¿Hoy será un día tranquilo?», le había preguntado ella. Nathaniel sonrió. «Nunca digas eso antes de una inmersión». Su objetivo principal era sencillo: filmar los corales dañados y compararlos con sus estudios anteriores.
Nathaniel llevaba años estudiando los arrecifes. La tripulación confiaba en él porque rara vez se dejaba llevar por el pánico, ni siquiera cuando el equipo fallaba o el tiempo cambiaba de repente. Sin embargo, antes de meterse en el agua aquella mañana, había notado algo inusual. Enormes bancos de peces se estaban reuniendo cerca del arrecife.
