Los cuidadores propusieron utilizar el sistema interconectado de pasillos deslizantes de las instalaciones para dividir el hábitat de forma segura. El sistema consistía en puertas correderas automáticas que conectaban la exposición interior principal con recintos de retención más pequeños y seguros, utilizados para los exámenes médicos rutinarios. Mediante una gestión estratégica de los controles de las puertas y la colocación de la comida, podían guiar a los animales hacia secciones específicas del edificio sin intervención física.
Sin embargo, llevar a cabo el traslado exigía una precisión absoluta y una sincronización perfecta por parte de todo el equipo. Si la manada principal se daba cuenta de que Lola estaba siendo separada tras puertas de acero cerradas con llave, podrían intentar forzar las puertas, causando graves daños estructurales o un estrés abrumador. El personal revisó minuciosamente los controles mecánicos, verificando que todas las barreras correderas funcionaran con suavidad y en silencio antes de proceder con la operación.
