Pensaba que estaba solo en el hielo… hasta que apareció un oso polar gigante

Entre las cajas y el borde de una tienda, divisó al cachorro enjaulado. Se le encogió el corazón al ver su diminuta figura, temblando contra los barrotes de hierro. Se dijo a sí mismo que debía mantenerse concentrado, ignorar el miedo paralizante y confiar en sus instintos para pasar desapercibido.

Paso a paso, con sumo cuidado, se fue acercando sigilosamente. El cachorro dejó escapar un gemido lastimero, lo que le impulsó a moverse más rápido. Agachándose, rodeó una caja medio volcada, comprobó que nadie estuviera mirando y luego se lanzó hacia delante. La jaula metálica se alzaba ante él, y cada respiración le quemaba en el pecho.