Pensaba que estaba solo en el hielo… hasta que apareció un oso polar gigante

Con cada paso sobre el traicionero hielo, la mente de Nolan se llenaba de historias que había oído: de osos polares que rasgaban tiendas de campaña, de espantosas incursiones piratas, de vagabundos perdidos para siempre bajo la nieve. Ahora se había quedado sin pescado, y el temor se arraigó en él: ¿sería él el siguiente?

Las pesadas pisadas del oso chirriaban contra el suelo helado; cada impacto era un recordatorio de su enorme fuerza. Nolan sentía cómo se le aceleraba el corazón cada vez que la bestia se detenía y miraba hacia atrás, como para comprobar si había más comida. Cada mirada le provocaba una oleada de pánico en las entrañas.