Unos adolescentes se reúnen alrededor de una anciana… Ella rompe a llorar cuando le dicen esto…

Clara lo siguió sin detenerse a coger su abrigo ni su bastón. Vio a Bubbles pasar por debajo de la verja y desaparecer detrás de los coches aparcados. Llamarlo por su nombre no surtió efecto. Ella registró los jardines vecinos mientras los trabajadores revisaban debajo de su equipo. En cuestión de minutos, la cola blanca que había vislumbrado parecía estar a una distancia imposible.

Volvió a por su cuenco de metal y lo golpeó suavemente con una cuchara. Ese sonido familiar solía hacer que Bubbles acudiera corriendo desde cualquier lugar cercano. Aquella tarde, el sonido resonó sin provocar ni siquiera un maullido. Clara siguió caminando, aunque cada paso apresurado le provocaba dolor en las rodillas y las caderas desprotegidas.