La noticia del descubrimiento y del despido de Tom llevó al zoológico a introducir cambios masivos y radicales en todos los departamentos. La dirección contrató a expertos independientes en bienestar animal para revisar todas las rutinas diarias de cuidados y las prácticas de alimentación. Se exigió a todos y cada uno de los cuidadores que se sometieran a una nueva y rigurosa formación para garantizar que ningún animal volviera a sufrir jamás tal negligencia.
El zoológico estableció una nueva norma estricta que exigía que dos miembros del personal inspeccionaran cada comida antes de que llegara a los animales. La comida fresca y saludable se preparaba ahora en cocinas abiertas e impecables, donde se retiraba y se controlaba cada envase. Estas medidas sencillas y minuciosas garantizaron que la pesadilla de Lola nunca pudiera repetirse por culpa de nadie en el parque.
