El martes por la tarde, Clara cruzó el parque tras sustituir dos carteles estropeados. Uno de los adolescentes se alejó del pabellón cuando Clara se acercó. Levantó una mano y la llamó: «Disculpe, señora». Clara recordó las denuncias de robos y cruzó la calle antes de que él llegara a su lado. Al mirar atrás, lo vio detenerse junto al bordillo.
Se recordó a sí misma que probablemente no iban a hacerle daño. Aun así, le resultaba más difícil adoptar la visión generosa que Henry tenía de los jóvenes ahora que él ya no estaba. Clara eligió el camino mejor iluminado y evitó mirar atrás. Antes de llegar a casa, oyó unos pasos que la siguieron brevemente y que luego se detuvieron cuando cruzó la calle transitada.
