El miércoles por la mañana cayó una lluvia torrencial que estropeó varios carteles colocados al aire libre. Clara los sustituyó bajo un paraguas que no paraba de darse la vuelta. El barro le empapó las botas, mientras que el agua fría le entumecía los dedos. Rechazó las ofertas de ayuda porque le parecía imprescindible continuar con la búsqueda. Detenerla podría hacer que el miedo la abrumara por completo.
Cerca del invernadero, Clara vio a tres adolescentes arrastrándose por debajo de una valla municipal dañada. Uno llevaba una cuerda, mientras que otro sostenía una linterna grande. Desaparecieron dentro del edificio abandonado sin verla. Clara pensó en llamar por teléfono al encargado del parque, pero dudó. Henry habría hecho preguntas antes de dar por hecho que pretendían causar daños.
