—Tienes que bajarte de mi barco —dijo Elias. Mantuvo un tono tranquilo porque la rabia nunca había arreglado nada. Lila se bajó las gafas de sol y sonrió a su teléfono. —Un segundo, chicos —dijo a sus seguidores de la retransmisión en directo—. El pescador se está poniendo intenso.
—Ese es mi lugar de trabajo —dijo Elias—. Estás rayando la borda. Lila miró la marca, luego a él, y soltó un pequeño suspiro teatral. «A esto me refiero con los rincones recónditos», les dijo a sus espectadores. «Es tan bonito, pero los de aquí pueden ser muy territoriales».
