Nina fue a la oficina de registros del gobierno, un lugar aburrido que olía a tinta de impresora. Un empleado buscó el caso de las gemelas en su ordenador. Lo encontró, pero notó algo extraño: el expediente decía que se revisaba cada mes, pero en realidad no había cambiado nada en dos años. Nina preguntó: «¿Quién firmaba esas actualizaciones? Él se encogió de hombros: «Nadie. La línea de la firma está vacía»
La ausencia de la firma parecía una advertencia. Parecía como si alguien estuviera manteniendo a los niños en los libros sólo para obtener crédito por ellos, pero asegurándose de que el nombre de nadie estuviera unido al papeleo. Nina se dio cuenta de que los gemelos ya no eran sólo un pequeño detalle; eran un símbolo de todo el problema. Tenía que actuar rápido, o estos niños serían engullidos por el confuso lenguaje del sistema y desaparecerían.
