«Señora, esos gemelos no se van», dijo la indigente a la puerta del orfanato… y todo cambió

Nina había construido su carrera a base de daños invisibles. Listas de desahucios, salas de espera, formularios que se tragaban a la gente. A sus oyentes de podcast les gustaban las historias en las que el villano era un proceso, no una persona. Una vez, ella había creído que era más seguro. Entonces, un niño del que se ocupaba desapareció antes de que se emitiera su episodio. Aún oía llorar a su madre.

Después de aquello, se prometió a sí misma que nunca volvería a moverse despacio. Si veía un agujero en el sistema, se lanzaría a por él. Su nueva serie, «En el limbo», seguía a personas atrapadas por medidas «temporales». Los gemelos sonaban exactamente así. Pero le quedaban tres semanas hasta que una votación política nacional convirtiera lo «temporal» en ley.