A Shirley le asombraba lo rápido que pasaban página. Con qué facilidad un chico desaparecido se convertía en una nota a pie de página en la prisa por vestirse y bailar. Lo sintió mientras se ajustaba el vestido, se pasaba el rímel por las pestañas temblorosas e intentaba sonreír para las fotos de sus padres. Richard debería haber estado aquí esta noche.
Si todo fuera normal, se habría ajustado la corbata con torpeza y se habría reído de sí mismo. Habría ensayado mentalmente una conversación trivial. Tal vez, si hubiera tenido valor, se lo habría pedido a alguna de aquellas chicas. Pero en lugar de eso, su ausencia se sentía como un moratón con el que no paraba de chocar. Sus padres le dijeron suavemente: «Intenta disfrutar de esta noche, cariño»
