En el momento en que la asamblea terminó, los murmullos estallaron de nuevo, más fuerte esta vez. «¿Crees que se trataba de él?» Preguntó un estudiante. «Tiene que serlo» Otro se preguntó: «¿Por qué no nos dicen dónde está?» Y fue entonces cuando todos empezaron a pensar lo mismo: «A lo mejor no pueden»
Algunos decían que habían llamado a su casa y nadie contestaba. Algunos dijeron que habían visto a su madre llorando en el aparcamiento de un supermercado. Alguien juró que uno de los agentes llevaba una carpeta de personas desaparecidas. No se confirmó nada, pero no hacía falta. El suspense crece en silencio.
