«Licencia y registro, por favor», dijo Vance. La línea era familiar, pero su atención estaba dividida. El conductor se movió despacio, con cuidado de no asustar. Le entregó los documentos. Vance los escaneó automáticamente. La falsificación era un buen intento, pero Vance la descifró.
Liam Cross. El nombre de la licencia no le resultaba familiar. Vance lo pronunció en voz alta una vez. Observó el rostro del conductor. Hubo un parpadeo: miedo, reconocimiento, culpabilidad, tal vez las tres cosas. «No sé por qué me han parado», dijo Liam, como si estuviera preparado. Sin embargo, Vance captó su extraña y acerada mirada.
