Su teléfono volvió a sonar. Había llegado el correo electrónico del ingeniero. Incluía la frase que Dana necesitaba: la dirección ordenó reutilizar los módulos de Mara tras su marcha. También mencionaba una cláusula de la hoja de términos que lo llamaba «el marco de Mara», como si su autoría fuera conocida y objeto de burla dentro de la empresa.
Mara reenvió el correo electrónico a Dana y le pidió que actuara de inmediato. Dana le contestó que podía presentar notificaciones y enviar un cese al adquirente antes de que aterrizaran las firmas. Desde el punto de vista legal, parecía que las posibilidades de Mara de ganar eran bastante buenas.
