Era última hora de la tarde, el tipo de hora en la que el día aún no se había soltado del todo. Daniel avisó desde el salón de que el teléfono estaba sonando, con voz despreocupada, distraído con lo que tuviera en la pantalla. Clara fue a la cocina a cogerlo y se apoyó en la encimera mientras escuchaba, observando distraídamente cómo la luz se movía por el suelo.
Su padre no hizo ningún preámbulo. Nunca lo hacía. «Estoy listo para dar un paso atrás», dijo. «Y quiero que tú te hagas cargo» Al principio, Clara se rió, segura de que lo había entendido mal. Pero hablaba en serio. Había construido la empresa lenta y cuidadosamente, y estaba cansado. La quería en manos capaces. Las suyas. «Confío en ti», dijo simplemente. «Más que en nadie»
