Más tarde, Ryan se reunió con su padre por primera vez en 32 años. Douglas Calloway se lo contó a Dellray más tarde, en una breve llamada telefónica, con la voz desgarrada hasta los huesos: «Entró por la puerta y no pude hablar. Sólo me aferré a él. Aún no puedo creerlo»
Unos días después de aquello, Dellray se quedó hasta tarde en su escritorio y volvió a pensar en el expediente original del caso de 1994: cubierta de cartón desgastada, 58 páginas, su propia letra en las pestañas. Abrió la cubierta del caso actual corriendo a 312 páginas y creciendo. Destapó el bolígrafo y sonrió ante la ironía de un asunto inacabado incluso después de 32 años
