Laura se derrumbó entonces. «Creía que me ibas a dejar», dijo. La vergüenza siguió al alivio. Brett le cogió la mano tímidamente. El miedo, no la traición, los había separado. Decirlo en voz alta liberó la tensión, permitiendo que el dolor, el perdón y la vulnerabilidad afloraran por fin entre ellos.
Él también admitió su error. «El error fue mío. Debería habértelo contado todo. Ahora me doy cuenta», dijo. Hablaron con sinceridad, despacio. Las promesas, basadas en la verdad, parecían diferentes ahora. Acordaron que no habría más secretos. Lo que viniera después, incluso lo peor, lo afrontarían juntos.
