¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

«No sé cuáles son tus planes. Pero sé lo que necesito. Avísame cuando estés lista para hablar», dijo, sorprendiéndose a sí misma por su firmeza. Necesitaba saber en qué se apoyaba. Sin eso, el afecto se sentía inseguro, una superficie que enmascaraba riesgos que ella no podía medir ni consentir.

Aquella noche preparó una pequeña maleta, eligiendo lo esencial sin sentimentalismos. Ropa, documentos, cargadores. La eficacia parecía irreal. Evitó las fotografías. Le resultaba más fácil marcharse cuando fingía que era algo temporal, una pausa para aclarar las cosas, no una fractura que podría ensancharse sin remedio y redefinir todo lo que creía sobre ellos.