Mara escuchó sin interrumpir mientras Elías le describía los drones, las redes vacías, el silencio del ayuntamiento y el vídeo de Lila. Cuando terminó, admitió, en voz baja, que había pensado en cortar todas las amarras del puerto y dejar que la marea decidiera.
La expresión de Mara cambió tan bruscamente que él casi esbozó una sonrisa. «Haz eso —dijo ella—, y te quitarán tu barco, tu cabina y el poco orgullo que te quede. No puedes tocar sus propiedades, Elias. Ni una cuerda. Ni una cornamusa. Ni un pequeño portavasos pulido».
