Una mujer sigue a un lobo hasta el mar tras acercarse a ella en la playa: lo que encontró le rompió el corazón

Los minutos se convirtieron en una hora. La lluvia golpeaba las ventanas; los truenos retumbaban en retirada. Noemi estaba sentada, encorvada, con el alquitrán secándose en copos sobre las mangas. Dos veces oyó que el monitor cardíaco se detenía durante un escalofriante segundo antes de reanudar su débil blip-blip.

En un momento dado, un técnico se apartó y le susurró a Álvarez: «Lo estamos perdiendo» El veterinario presionó con dos dedos las costillas del cachorro y sacudió la cabeza. «Todavía no», murmuró, y empezó a hacer compresiones rítmicas con un dedo y el pulgar, con un cuidado imposible.