La fotógrafa me llamó y me dijo que había notado algo muy inquietante en las fotos de la boda

Ray cogió el pendrive y lo sostuvo en el puño cerrado. Pensó en la mesa de la cocina ocho meses atrás. Las manos de Diane alrededor de una taza de café, diciéndole que siete meses habían sido suficientes, preguntándole si podía aparecer por una vez.

Pensó en llevarla al altar, en el peso de aquello, en la particular calidad de su mirada al final del camino del jardín que había estado repitiendo como si fuera algo que pudiera conservar. Pensó en su voz cuatro días después de la boda, plana y cuidadosa y ya en otro lugar. Simplemente no funciona. Cuatro días. Samuel había estado planeando la salida incluso antes de decir los votos.