Los jardines botánicos, la luz del atardecer, doscientos invitados. Al final del pasillo, Diane se había girado para mirarle justo antes de empezar a caminar -le había mirado de verdad, directamente, sin la distancia habitual- y por un momento había parecido una chica joven que necesitaba a alguien en quien apoyarse.
Se aferró a ese momento durante todo el camino de vuelta a casa. Lo repitió en la tranquilidad de su casa vacía y sintió, por primera vez desde que tenía memoria, que había hecho algo bien. Que Claire estaría contenta. Que la promesa se había cumplido. Marcus Webb vino la tarde siguiente.
