Elise lo miró fijamente, con el pulso retumbándole en los oídos. «¿Cómo… cómo es posible que lo sepas?» Su voz apenas se oía. El veterano la miró con una pena tan profunda que parecía tallada en décadas de silencio.
Ya no había error. No era una coincidencia. No era un vago reconocimiento. Este hombre conocía a su abuela. Ya no se trataba del trauma compartido de la guerra. Elise sintió que el aire que los rodeaba cambiaba, que la verdad se alzaba entre ellos como algo enterrado durante mucho tiempo, que por fin se liberaba.
