Elise sonrió con tristeza. «No sabemos quién era. Nunca lo dijo. Se limitaba a cerrar la biblia con suavidad, como si la fotografía fuera algo frágil que no podía soportar explicar» La respiración del veterano se volvió agitada, sus nudillos blanqueaban alrededor de su bastón.
Cuando ella volvió a mirarle, la emoción que había intentado contener con tanto esfuerzo tembló en la superficie. Sus hombros temblaban débilmente. Sus ojos estaban húmedos, no de sentimentalismo, sino de algo más pesado: reconocimiento, miedo, anhelo, Elise no podía decirlo. «¿Estás bien?», le susurró suavemente.
