Los mensajes no eran dramáticos, no al principio. Pequeñas bromas. Una foto de un restaurante que nunca había visitado con él. Una sola línea: «Anoche valió la pena el riesgo» Lauren lo leyó dos, tres veces, esperando que las palabras se convirtieran en algo inofensivo. Pero no fue así.
Cuando ella le preguntó -la voz firme, las manos quietas-, él sonrió primero, luego frunció el ceño y después se rió. «Lo has entendido mal, Laur. Siempre sacas las peores conclusiones» La envolvió en sus brazos húmedos por la toalla, diciéndole que estaba cansada, que el estrés del trabajo le hacía ver patrones que no existían.
