Los amigos se fueron distanciando, aunque ella nunca supo muy bien cuándo. Las invitaciones se les escapaban porque Damián estaba «cansado del trabajo» o «necesitaba una noche tranquila», y no le parecía bien insistir. Cuando ella iba sola, él le preguntaba por qué le había dejado cuando «la necesitaba».
Aún había días buenos, y eso lo hacía todo más borroso. Mañanas en las que le llevaba el café como a ella le gustaba, tardes en las que se reía con sus historias y le tocaba la muñeca como si fuera lo más natural del mundo. Esos momentos suturaban las dudas, durante un tiempo.
