La fiesta no terminó con vítores. Terminó con voces cautelosas y pequeños grupos de personas que se marchaban antes de tiempo. Mara recogió su abrigo y salió con paso firme. Fuera, miró hacia la azotea iluminada por el cristal y vio a Ethan observándola a través de la ventana. No parecía triunfante.
Parecía cambiado. Y por primera vez en años, Mara tuvo la certeza de que él la veía como una persona y no como un accesorio de su historia. Se quedó quieta el tiempo suficiente para que el momento quedara grabado en la memoria de ambos. Luego se dio la vuelta y se alejó, con la certeza de que nunca más tendría que suplicar por su lugar.
