Siempre lo descartó como un engaño, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

Se arrodilló e iluminó el hueco. Unos peldaños de hierro descendían en la oscuridad. Bajo ellos yacían aguas negras, inmóviles a primera vista, con trozos de metal corroído que sobresalían de las paredes. Esto no era una cueva. Alguien la había construido bajo el arrecife, la había sellado y no había dejado constancia pública de su existencia.

Entonces su linterna captó una escritura en la pared por encima de la línea de flotación, tenue pero inconfundible. Era la letra de su padre, apresurada e inclinada: Si esto se abre, el pueblo debe saberlo. Nora lo leyó dos veces y, en ese instante, los años de rumores cambiaron. Su padre no había perseguido leyendas. Thomas murió intentando avisar al pueblo.