Siempre lo descartó como un engaño, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

Por un momento, ninguno de los dos se movió. La escotilla parecía menos parte del arrecife que una herida en él, algo oculto y luego olvidado. Nora se agachó primero y raspó la maleza con dedos temblorosos hasta que el asa oxidada emergió de debajo de años de sal.

Las dos tuvieron que levantarla. Cuando por fin cedió el precinto, la escotilla sólo se abrió una rendija, pero enseguida se levantó un aire frío, húmedo y metálico, con olor a agua de mar atrapada. Eli retrocedió. Nora agarró la antorcha con más fuerza.