La línea se alargó mientras observaban. No se rompió como solía hacerlo la espuma, ni desapareció bajo el tajo de la mañana. En su lugar, se curvaba con extraña paciencia, dibujando un camino vacilante a través de la bahía como si algún cuerpo invisible se moviera justo debajo del agua.
Eli bajó ligeramente el dron y la imagen en directo se hizo más nítida. El trazo blanco se deslizó hasta llegar a las aguas más oscuras cerca del arrecife, donde el mar empezó a girar en un lento círculo. A Nora se le hizo un nudo en la garganta. Había visto el vídeo anterior, pero en persona le parecía aún más espeluznante.
