Siempre lo descartó como un engaño, pero luego descubrió lo que había bajo el arrecife

Nora convenció a Eli para que la acompañara al lugar donde había grabado. A la mañana siguiente, se reunieron en el sendero del acantilado sobre la cala, donde el viento mordía su abrigo y el mar de abajo yacía oscuro como la pizarra. Esperaron con el dron preparado, sin decir nada, mientras la mayor parte del pueblo seguía durmiendo tras las ventanas cerradas.

El primer cambio se produjo tan sutilmente que Nora casi no lo percibió. Una tenue línea pálida apareció más allá del arrecife, no brillante sino lechosa, como si algo rozara la superficie desde abajo. Eli no dijo nada. Se limitó a empujar el dron hacia delante mientras Nora sentía que se le erizaba el vello de los brazos.