El terapeuta escuchó en silencio antes de responder. «Parece que descubriste un trozo de historia que estaba literalmente amurallado», dijo. «No me extraña que se sintiera opresivo. A veces el cuerpo percibe lo que la mente aún no entiende. Estabas reaccionando a algo real, sólo que no conocías su forma»
Aquella noche, mientras Emma dormía, Lucy permanecía despierta en el sofá de la planta baja. La casa crujía y se movía de un modo que le resultaba familiar. Escuchó los golpes y no oyó ninguno. Sólo el leve suspiro del viento en la chimenea y, debajo de él, un silencio que, por primera vez, parecía alivio.
