Una madre encuentra un secreto en su casa que la lleva a una sorpresa aún más salvaje

Harris y su equipo repararon los daños a lo largo de dos semanas, alisando el yeso nuevo y repintando la habitación de Emma de un tono azul más vivo. Dejaron intacta una pequeña sección de la pared original, donde los nombres en grafito seguían siendo visibles bajo el cristal. Lucy quería tanta permanencia, tanto reconocimiento.

Aquella noche, en su llamada con el terapeuta, se esforzó por encontrar palabras. «Era real», dijo por fin. «Había una habitación. Una litera, nombres en la pared. Había gente viviendo allí, o intentándolo. Los sonidos no estaban en mi cabeza. Eran… la casa recordando»