Aquella misma tarde, después de que Harris hubiera dejado el primer pequeño agujero de inspección y prometido volver con más herramientas, Lucy no pudo resistirse a volver a entrar en la habitación de Emma. La parte de oscuridad expuesta la atrajo. Se arrodilló junto a ella, linterna en mano, y dirigió el haz hacia el estrecho vacío
La luz distinguió polvo y madera en bruto, y luego algo más: una forma pequeña y redondeada cerca del borde de la abertura. Estaba semienterrada en la suciedad y tenía el tamaño de la palma de su mano. Lucy vaciló, sacó un par de guantes de fregar del bolsillo y se introdujo con cuidado en el hueco, rozando con los dedos la madera fría y arenosa
