El día elegido, la casa se llenó del ruido sordo de las herramientas y el quejido de una pequeña sierra. El polvo llegó al pasillo, fino y pálido, con un olor a papel viejo y piedra fría. Lucy se quedó cerca, con el corazón latiéndole demasiado deprisa, diciéndose a sí misma que sólo era curiosidad, sólo arquitectura
«Tengo algo», llamó Harris al cabo de un rato. Lucy entró en la habitación. Habían cortado un rectángulo en la pared, revelando la oscuridad que había más allá. Se filtraba aire, más frío que la habitación, con un leve y agrio sabor a viejo. Harris iluminó el interior con una linterna. «Parece un vacío estrecho. Aún no veo el final»
