Aquella tarde, sacó los planos originales enrollados en un tubo quebradizo al fondo de un armario, con el papel amarillento y delicado. La distribución era entonces ligeramente diferente: un trastero donde ahora estaba la habitación de invitados, un rellano más estrecho, sin armarios empotrados. Entre la habitación de Emma y el espacio contiguo había un rectángulo pulcramente entintado y luego tachado.
Había una nota manuscrita en el margen, casi ilegible. El año 1946 destacaba claramente. El resto estaba borroso, desteñido por el tiempo y la manipulación. Lucy trazó las líneas con el dedo, sintiendo una extraña desorientación. La casa por la que caminaba cada día no coincidía del todo con la casa que se había dibujado y construido en un principio.
