Una madre encuentra un secreto en su casa que la lleva a una sorpresa aún más salvaje

Ahora no sonaba como si se estuvieran escabullendo. Ni rasguños, ni arrastrones, sólo una fuerza contenida que encontraba resistencia. Lucy se incorporó, con el corazón acelerado, esperando una segunda ronda. No hubo ninguna. Por la mañana, las trampas seguían vacías, con sus barras de metal limpias y a la espera, como si lo que se moviera dentro de la pared comprendiera su propósito y las rodeara cuidadosamente

Una noche, Lucy se detuvo en el pasillo al oír la suave voz de Emma desde su dormitorio. «Shh, tenemos que estar calladas», murmuró la niña. «Nos oirán si reímos demasiado alto» Lucy se quedó paralizada, con el pulso acelerado: las palabras sonaban demasiado agudas, demasiado conscientes del silencio de la pared.