Su último gran artículo destapó una red de contratistas privados que trabajaban en zonas grises de la legalidad. Cada afirmación tenía sus fuentes. Cada hecho se verificaba. La redacción era cuidadosa, deliberada y honesta. Era el tipo de artículo que debería haber permanecido intacto y protegido por la verdad que transportaba.
Pero lo destruyó. Las consecuencias fueron inmediatas y totales. Las llamadas telefónicas cesaron. Las invitaciones desaparecieron. Los proyectos se reasignaron en silencio. Sam vio cómo su vida profesional se derrumbaba no por la confrontación, sino por la ausencia, como si la verdad que había escrito le hiciera radiactivo para cualquiera que quisiera mantener las distancias.
