Al regresar de sus viajes de pesca, empezó a notar detalles que no podía pasar por alto. Una silla ligeramente desplazada de su sitio. Una huella húmeda secándose en la piedra del patio. Un tenue brillo grasiento en el agua, como si la crema solar hubiera sido arrastrada hasta ella.
Luego llegaron las botellas. Una en el seto. Otra se hundió en el fondo del estanque y brilló como un desafío silencioso. Arthur la sacó con la red y se le encogió el corazón al dejarla en el patio. No había visto a nadie.