Julie rió entre dientes, su aliento empañando la ventana. «Tal vez algunas cosas no están destinadas a ser explicadas. A veces, sólo tienes que seguir tus instintos y esperar lo mejor» El perro soltó un ladrido suave, llamando la atención de Julie. Se agachó y le revolvió el pelo. «Ahora estás a salvo», le dijo cariñosamente. «Cuidaremos de ti»
