Peter se unió a ella, con el perro -limpio, alimentado y envuelto en una cálida manta- a su lado. Se apoyó en la pierna de Julie, moviendo lentamente la cola. «Lo has hecho bien ahí fuera», dijo Peter, con un tono más suave.
Julie sonrió, con la mirada fija en los árboles. «No fui sólo yo. Ese alce sabía lo que hacía. Nos guió hasta este pequeñajo» Peter asintió con la cabeza, pero su rostro mostraba un atisbo de incredulidad. «He visto muchas cosas en mi trabajo, pero esto… esto es otra cosa»
