«Parece que está bien», dijo Peter después de comprobarlo. «Deshidratado, agotado y con un esguince en la pata delantera. Necesitará una férula, pero nada grave. Es un superviviente» Julie sintió que una oleada de emoción la inundaba.
La tensión y el miedo de la noche se desvanecieron, sustituidos por una abrumadora sensación de alivio y gratitud. «Te vas a poner bien», le susurró al perro, con la voz ligeramente quebrada. Peter aseguró la férula con manos expertas, envolviendo la pata del perro con cuidado.
