Julie exhaló temblorosamente y sintió un alivio tan repentino que casi se le doblaron las rodillas. «¡Peter!», siseó, saliendo de su escondite. «Me has dado un susto de muerte» Peter frunció el ceño, mirando alrededor del claro.
«¿Qué haces aquí sola? Podrías haberte hecho daño… o algo peor» Su tono era cortante, pero Julie podía ver la preocupación en sus ojos. Señaló al alce, que los observaba en silencio. «Me ha traído hasta aquí.
