El alce estaba de pie a unos metros de distancia, su actitud tranquila en desacuerdo con el sonido amenazador que emana de la forma misteriosa. Julie apretó con fuerza la linterna y le temblaron las manos.
Entonces, un fuerte crujido resonó en el bosque, como una ramita que se rompe al pisarla. Julie respiró entrecortadamente y sus ojos se desviaron hacia las sombras. Su corazón latía tan fuerte que pensó que podría ahogar los gruñidos. ¿Había algo más aquí? ¿Otro depredador?
