Un niño desaparece de un crucero y años después encuentra a sus padres

No se lo dijo a Rose. ¿Qué le diría? ¿Que su madre le daba escalofríos? ¿Que le tocaba el hombro un segundo de más? ¿Que ella lo miraba como si fuera un rompecabezas que estaba desesperada por resolver? Parecía una locura. Y peor aún, grosero.

Pero persistía. Las preguntas de Kiara. Sus miradas fijas. Sus extrañas pausas a mitad de frase, como atrapada en un recuerdo que no podía ubicar. Lucas empezó a dormir con el saco cerrado y el cepillo de dientes guardado. Y cuando Rose salía a hacer recados, él se quedaba abajo. Evitar la mirada de Kiara se convirtió en un juego silencioso.