Lucas aferró el papel y el frío se extendió por su pecho como el hielo. No había hospital. Sin fecha. Ninguna prueba de que había nacido de Daisy. Sólo una frase: admisión. Lo miró fijamente, con la respiración entrecortada en la garganta, y sintió que el mundo se salía ligeramente de su eje.
Pero no dijo nada. Ni a Daisy. Ni a Robert. Ni a Lucy. En lugar de eso, volvió a doblar el papel, cerró el cajón y subió las escaleras. Al amanecer, hizo la maleta en silencio. Rose lo esperaba y el plan seguía en pie. Pero ahora tenía preguntas, muchas preguntas.
