¡No pudo soportarlo más! ¡Mira cómo este hombre le dio una lección a un niño que pateaba el asiento y a su madre!

Se limitó a dejar la taza vacía sobre la bandeja, apoyó suavemente la cabeza en el frío cristal de la ventanilla y cerró los ojos. El tren avanzaba con paso firme. No hubo más patadas. Ni una sola. Cuando el tren se detuvo, los pasajeros empezaron a salir.

Daniel se levantó, se alisó el abrigo y se unió a la lenta procesión por el pasillo. Al pasar junto a la fila del niño, la madre no le miró. Tenía la cara sonrojada y la mandíbula tensa. Se concentró en meter pañuelos de papel en un bolso que ya no cerraba bien.