¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

Recordó la transacción que había aparecido semanas antes, un número que permanecía incómodo en la pantalla. Un retiro grande. Mayor que cualquier otra operación rutinaria. Se quedó mirándola, frunció el ceño y cerró la aplicación. «Probablemente sea trabajo», se dijo a sí misma, aunque ningún proyecto le había exigido nunca tanto dinero.

Los días siguientes hicieron que la cifra fuera más difícil de olvidar. Apareció otra transferencia. Diferente importe, mismo tipo de cuenta. Comprobó fechas, plazos e intentó relacionarlas con gastos conocidos. Nada encajaba. El dinero simplemente se había ido, sin explicación ni discusión.