¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

La independencia era como una armadura que llevaba a diario. Protegía, pero también pesaba. Cuando la duda afloraba, se decía a sí misma: «Eres lo bastante fuerte» Las noches eran las más duras, cuando su armadura se desprendía y la vulnerabilidad regresaba, sin ser invitada, haciéndole preguntas que posponía responder. Laura recordó lo mucho que su relación con Brett había amortiguado sus miedos.

Se preparó para un divorcio sin dramas. Investigó en silencio, preguntando a un abogado: «¿Cómo sería esto?» La respuesta fue cuidadosa, condicional. Posibilidades, no certezas. La planificación calmó sus nervios. Aceptar los finales le resultaba más fácil que esperar en el limbo, imaginando resultados que no podía confirmar ni evitar.